
"Por la fe, María acogió la palabra del
Ángel y creyó en el anuncio de que sería la Madre de Dios en la
obediencia de su entrega (cf. Lc 1, 38). En la visita a Isabel entonó su
canto de alabanza al Omnipotente por las maravillas que hace en quienes
se encomiendan a Él (cf. Lc 1, 46-55). Con gozo y temblor dio a luz a
su único hijo, manteniendo intacta su virginidad (cf. Lc 2, 6-7).
Confiada en su esposo José, llevó a Jesús a Egipto para salvarlo de la
persecución de Herodes (cf. Mt 2, 13-15). Con la misma fe siguió al
Señor en su predicación y permaneció con él hasta el Calvario (cf. Jn
19, 25-27). Con fe, María saboreó los frutos de la resurrección de Jesús
y, guardando todos los recuerdos en su corazón (cf. Lc 2, 19.51), los
transmitió a los Doce, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el
Espíritu Santo (cf. Hch 1, 14; 2, 1-4). Por la fe, los
Apóstoles dejaron todo para seguir al Maestro (cf. Mt 10, 28). Creyeron
en las palabras con las que anunciaba el Reino de Dios, que está
presente y se realiza en su persona (cf. Lc 11, 20). Vivieron en
comunión de vida con Jesús, que los instruía con sus enseñanzas,
dejándoles una nueva regla de vida por la que serían reconocidos como
sus discípulos después de su muerte (cf. Jn 13, 34-35). Por la fe,
fueron por el mundo entero, siguiendo el mandato de llevar el Evangelio a
toda criatura (cf. Mc 16, 15) y, sin temor alguno, anunciaron a todos
la alegría de la resurrección, de la que fueron testigos fieles.
Por la fe, los discípulos formaron la primera comunidad reunida en
torno a la enseñanza de los Apóstoles, la oración y la celebración de la
Eucaristía, poniendo en común todos sus bienes para atender las
necesidades de los hermanos (cf. Hch 2, 42-47). Por la fe, los
mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio,
que los había trasformado y hecho capaces de llegar hasta el mayor don
del amor con el perdón de sus perseguidores. Por la fe, hombres
y mujeres han consagrado su vida a Cristo, dejando todo para vivir en
la sencillez evangélica la obediencia, la pobreza y la castidad, signos
concretos de la espera del Señor que no tarda en llegar. Por la fe,
muchos cristianos han promovido acciones en favor de la justicia, para
hacer concreta la palabra del Señor, que ha venido a proclamar la
liberación de los oprimidos y un año de gracia para todos (cf. Lc 4,
18-19). Por la fe, hombres y mujeres de toda edad, cuyos
nombres están escritos en el libro de la vida (cf. Ap 7, 9; 13, 8), han
confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al Señor Jesús
allí donde se les llamaba a dar testimonio de su ser cristianos: en la
familia, la profesión, la vida pública y el desempeño de los carismas y
ministerios que se les confiaban. También nosotros vivimos por la fe: para el reconocimiento vivo del Señor Jesús, presente en nuestras vidas y en la historia." (Porta Fidei)
CARTA APOSTÓLICA EN FORMA DE MOTU PROPRIO: PORTA FIDEI DEL SUMO PONTÍFICE BENEDICTO XVI CON LA QUE SE CONVOCA EL AÑO DE LA FE